Comunidad Franciscana
¡Que el Señor les dé la paz!
Este saludo de San Francisco, es la bienvenida de la Comunidad Franciscana que cuida del Real Monasterio, de la Santa Casa de la Virgen de Guadalupe.
Es un saludo de bienvenida que quiere traducir en el presente la misión, ya centenaria, del cuidado pastoral del Santuario llevada a cabo por diversas comunidades de la Orden Franciscana desde que nos fue confiado el Monasterio en 1906.
Cuidar de la Santa Casa es una misión. Misión que empieza manteniendo encendido el fuego cuando hace frío, y abiertas las fuentes cuando el calor aprieta.
Aquí el calor del hogar y el frescor del agua tiene un rostro materno: la Virgen de Guadalupe.
Cuidar la Santa Casa es la tarea continua de mantenerla abierta, de mantener vivo ese espíritu de hospitalidad al peregrino para ofrecer una liturgia cuidada, un silencio sonoro, una atención parroquial, un patrimonio conservado, una cultura viva, una escucha sin preguntas, unas repuestas abiertas, una búsqueda de sentido, un sentido de la vida,,, Vida que mana, se nutre y fluye desde la devoción que como un río bebe de la fuente de la Madre Dios, que aquí recibió para siempre, el nombre más universal de Santa María, Guadalupe.
Cuidar de la Santa Casa, es dejarnos cuidar por el Altísimo Omnipotente y Buen Señor, que os entrega a la Madre de su Hijo Jesús, para que sea estrella de peregrinos, brújula de búsquedas interiores, consuelo de heridas…. Madre de todo el Pueblo fiel.
Nosotros, la Comunidad Franciscana, sólo queremos ser instrumentos de paz, testigos de la gracia, animadores de la esperanza, aprendices de la fe cristiana para todos aquellos que se acercan a Guadalupe, para con ellos peregrinar la vida con aquél que por nosotros se hizo camino: Jesús, Hijo de Dios, fruto bendito de María.
A todos y a cada uno, que el Señor les bendiga.



