Peregrinaciones
El Real Monasterio ha sido desde el siglo XIII, meta de multitud de peregrinos movidos por la devoción a la imagen de la Virgen de Guadalupe, aparecida y encontrada milagrosamente aquí por el pastor Gil Cordero.
Desde entonces han sido muchos hombre y mujeres, de toda condición social, origen y situación, que han recorrido su búsqueda personal y espiritual caminando hacia Guadalupe. Algunos venían para suplicar, otros para cumplir promesas, muchos para dar gracias, tantos para orientar la vida, no pocos para crecer espiritualmente, la mayoría para celebrar los misterios de la vida cristiana.
Esta cadena de peregrinación sigue viva y creciendo en el presente. La facilidad de las vías de comunicación, la recuperación de los caminos tradicionales, la señalización de las rutas naturales, la recuperación del Año Santo Guadalupense… han multiplicado en los últimos decenios la afluencia de peregrinos en camino interior a Guadalupe y ha diversificado el modo de llegar hasta aquí y la tipología de los peregrinos.
Lo importante es ponerse en camino porque en Guadalupe, nos espera siempre la Madre de Dios que, con su hermoso rostro moreno, sabe acogernos, orientarnos, abrazarnos, escucharnos y decirnos: “Haced lo que Él, os diga” (Jn 2,5),
La acogida de los peregrinos se traduce en la apertura durante todo el día de la Basílica para la oración personal, el cuidado de la liturgia, promoviendo una participación activa de los fieles en las celebraciones de los sacramentos, en la disponibilidad de confesores para recibir el perdón de los pecados. También hay un sencillo albergue para grupos de jóvenes y una cuidada Hospedería donde descansar con todas las comodidades. y comer la mejor cocina extremeña.
Ven. Camina. Peregrina.
Guadalupe te espera.

